Menos rápido, más furioso

“Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse (…) y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos)…” La autopista del sur, Julio Cortázar.
En Buenos Aires, esta descripción no se aplica sólo para los domingos. Funciona igualmente para los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes; a la mañana o a la tarde. ¡Cuán afortunado sería uno si pudiera tomar la autopista un viernes por la tarde, después de una ardua semana laboral, y llegar pronto a casa! Lo cierto es que, actualmente, es muy poco probable que suceda.
En horas pico, los autos se mueven a paso de hombre -desconociendo el mínimo de velocidad permitida-, y los puestos de peaje no colaboran en absoluto. Los concesionarios de autopistas, día a día, hacen caso omiso a la reglamentación que les exige dejar pasar gratis a los usuarios que hayan esperado entre 2 y 3 minutos (dependiendo de si la vía es exclusiva para automóviles o de tránsito mixto, respectivamente) desde el momento en que se colocaron en la fila hasta llegar a la cabina de peaje.
La vuelta a casa se hace pesada y estresante. Sin importar cuántos consejos recibamos por parte de las asociaciones de consumidores (acá pueden ver algunos), las situaciones por las que debemos atravesar para hacer valer nuestros derechos, sólo resultan en una pérdida mayor de tiempo. De esta manera, el fundamento sobre el que se basa el cobro de un peaje -acceso más rápido- se diluye por completo, hasta convertirse en una medida arbitraria.
L.O.















